Es cuestión d actitud. No siempre las apariencias son malas…

Cuando las apariencias no engañan.

     Si usted proyecta una actitud triunfante, toda su biología se prepara para ganar. Pero sea cuidadoso: las ínfulas exitistas también conllevan riesgos.

Sí. Su jefe tenía razón cuando, con aires de macanudo, se reclinaba en su gran sillón de cuero negro lustroso, levantaba una ceja y subía las piernas sobre el escritorio para regañarlo, felicitarlo o, simplemente, asignarle esa “importante” tarea. Bueno, por algo está en ese puesto ¿o no? Y si su respuesta fue la de sentarse, cabizbajo, con las manos cruzadas y las cejas en señal de atención, tampoco se extrañe por ese ascenso que todavía no logra conseguir.

Nuevos estudios han comprobado que cuando se trata de postura corporal, las apariencias no engañan. Especialistas de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia sometieron a pruebas a dos grupos de personas que, de forma completamente aleatoria, debían sentarse asumiendo diferentes posturas: unos, en poses de poder; otros, en poses más bien sumisas.

La gracia del experimento es que, antes de comenzar y al finalizar la prueba, los científicos tomaron muestras de saliva para medir los niveles de hormonas. Y además, tras posar por un minuto, todos debían decidir si apostar una suma de dinero y arriesgarse a perderlo todo, o bien, no apostar y mantener la suma en la se

 

guridad de sus bolsillos. Todos los experimentos confirmaron lo que estudios sicológicos previos habían señalado: la postura que asumimos, agresiva o dominante, sumisa o cabizbaja, se refleja luego en los riesgos que nos mostramos dispuestos a correr.

Aquellos que se habían sentado en posición de poder, ocupando mucho espacio y con las piernas sobre el escritorio, fueron más proclives a apostar: 86%, versus 60% de los que se habían sentado como haría un niño castigado en el colegio. A los que jugaron a ganador, no les importó el hecho de que, antes del juego, los científicos les dijeran que la chance de ganar era de 50 contra 50.

¿Las razones? Fue el análisis de la saliva el que terminó por explicar estas difieren cias. Las mediciones indicaron que luego de sentarse con aires triunfales las personas registraban un aumento en la testosterona, hormona masculina asociada con el comportamiento agresivo y los riesgos. Por el contrario, quienes se sentaban dubitativos mostraban un incremento en los niveles de cortisol, la hormona que se libera cuando estamos sometidos a estrés: esto causa un alza de la presión sanguínea y, cuando se mantiene elevada por mucho tiempo, puede gatillar una serie de enfermedades.

La pregunta que se buscaba resolver era si el comportarnos como “dueños de fundo” nos motiva a ganar y alcanzar posiciones de poder. La investigación comprueba que una pose triunfal, aun cuando sea por un breve período de tiempo, permite que el cerebro libere las hormonas que nos impulsan a actuar como ganadores. ¿Lo malo? Usted tomará más riesgos y puede llegar a equivocarse. Esto puede no ser gran problema si trabaja en una oficina y debe alcanzar metas, pero si es un corredor de la Bolsa, su actitud “canchera” podría, en el peor de los casos, llevarlo a desatar una crisis financiera mundial.

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Publicado el julio 16, 2011 en Reportajes.. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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